Saturday, February 24, 2007

Do sostenido



La tristeza comienza con una nota musical, se llama Do. Es sostenido.

Toda melancolía tiene su principio en el Dolor, constante dolor que queda colgando, o más bien... que nos cuelga en su gancho hasta que quedamos como un objeto que se resbala, que cae y no es más que una simple pieza de material casi plástico que solloza sin saber por qué. Allí, colgado en el closet de la vida, no se mira cómo caen las lágrimas porque está tan arriba y tan constante, siempre el Do sostenido, que queda inerte. Igual. Similar a la analogía del tiempo que transcurre o no transcurre: es lo mismo, el resultado es equivalente. Si está avanzando no nos da nada, si se queda en su sitio tampoco.
Todo ya tan sabido, tan dentro de nosotros. Totalmente innecesario leerlo y volverlo a sentir, es inútil. Ningún hombre muere feliz, dice Camus, y dice bien. Jamás confíen en los doctores, sólo saben regalar pedazos de ilusión falsa, mejor quédense con la esperanza de que se curarán; pero insisto: no confién en ningún doctor. Ellos sólo esperan a que el paciente muera, así dirán: "fue esto y aquello". Claro, una vez muerto... ¿ya qué? Doctores insulsos, mediocres, infames. No merecen un segundo de vida. Magos ilusionistas y mentirosos. Nada pueden hacer al respecto. Su validez es falsa.
Cúrame una lágrima, le dije. Y me recetó una pastilla blanca. Y al tomarla, seguía la enfermedad escurriéndose por esa mejilla tan conocida. Haz algo al respecto, le dije. Le conté todo lo que sentía, mis más inconscientes pensamientos. Y la lágrima caía; parecía curarme... mentira. Salía otra apenas del otro ojo. Y el llanto interminable me mantenía en la enfermedad. Terrible subjetividad que no me suelta, no me permite salir de mí mismo. Me tiene encerrado como a un criminal. ¿Cuál es mi crimen? ¿Conocer lo desconocido? ¡Maldición! Ni los balazos me curan. Siento un dolor; pero nada más... Siempre soy capaz de volver a un estado en el que mis párpados se abren y mi cabeza se vuelve hacia atrás, como un gesto de rebeldía. ¿De qué sirve? La rebelión dura lo mismo que mi vida, entonces decae y queda sólo escrita, dobleplus malinterpretada.
Tac, tac, tac... Tac, tac, tac... entrar en su cabeza. Tac, tac, tac... escuchar otro mundo. Otro. Otro... completamente imposible, inalcanzable. Parece que te toco pero ni cerca estoy. Todas apariencias, todo engaño propio, todo ilusión.
¿Alguien que desée ser tan infeliz? Le vendo mi tristeza, la podemos regatear. Siempre es regateable, ni que fuera de marca. Es sólo una corriente nostalgia que aspira un respiro. Nada más.

O.

1 comment:

Anonymous said...

esa madre no se oye casi nada jaja